El Cid

Con motivo del aniversario de la primera publicación del Cantar de Mio Cid, la artista madrileña Ana Alonso Vázquez realizó una serie de 5 litografías.

 

Esta colección tiene como título en sus obras:

  • El Cid
  • El Cid y Jimena
  • El Cid y sus hijas
  • Destierro
  • La Lucha

Esta edición es muy limitada ya que consta solo de 5 juegos, haciendo un total de 500 litografías.

 

Realizadas en papel aquello Bianco de 240 grs/m², firmadas y numeradas por la autora ante notario.

El Cid y su historia.

Rodrigo Díaz de Vivar, quien será conocido a lo largo de la historia como el Cid o el Cid Campeador, fue un caballero que pasó a la posteridad gracias a sus hazañas, recogidas en el Cantar del Mio Cid.

 

Este personaje del siglo XI llegó a ser admirado tanto por cristianos como musulmanes, en una época en la que la península ibérica era el foco de numerosas luchas y conquistas entre ambos pueblos.

 

Lo que hoy sabemos sobre él, juega entre los detalles históricos y la leyenda. Sus orígenes, sus relaciones en la corte, el destierro, la conquista de Valencia e incluso su última batalla después de muerto, es algo que a ninguno nos es desconocido. Sea como fuere, cuando se nombra al Cid se reconoce en él a una figura de admiración y respeto. El sobretítulo de Campeador ya lo poseía antes de convertirse en un desterrado para el Rey Alfonso VI, pero el de Cid se discute si ya antes también era llamado así por los musulmanes o fue a posteriori. La etimología de “Cid” indica que era una palabra árabe, con significado de “el señor”; de ahí que se piense que con “Meo Çidi”, mi señor, ya fuese conocido Rodrigo de Vivar entre los reinos musulmanes.

Los orígenes del Cid

Nació en una pequeña localidad próxima a Burgos, Vivar, a mediados del siglo XI. Como ocurre con la mayoría de figuras medievales, la fecha y lugar de nacimiento es inexacto, quedando al resguardo de lo mencionado en el Cantar del Mio Cid. El Cid fue un noble castellano que se crio en la corte del rey Fernando I y, posteriormente, sirvió en las cortes de sus hijos, Sancho II y Alfonso VI. Se conoce al Cid como una figura honorable y leal a su rey Alfonso VI, por quien dicen que combatía contra los musulmanes para ganarse su perdón. Sin embargo, hay quienes lo catalogan como un soldado mercenario, pues combatía al lado de cristianos y de musulmanes según su conveniencia. Eso no imposibilitó que recuperara la ciudad de Valencia de manos musulmanas, uno de los hitos más importantes de su trayectoria.

El destierro

Fue desterrado dos veces por parte de Alfonso VI, y ambos están rodeados de misterio e inexactitud. El primero pudo ser a consecuencia de la enemistad que se granjeó El Cid con el rey Alfonso VI tras instarle a jurar ante sus súbditos que no había tenido nada que ver con la muerte de su hermano y predecesor, Sancho II, amigo del Cid. Más tarde, los estudiosos dijeron que no había sucedido tal desavenencia y que le primer destierro fue a consecuencia de un enfrentamiento que tuvo el Cid contra un grupo de musulmanes que atacaron la región de Soria y la saquearon. Fueron perseguidos y castigados por el Cid, complicando los planes que tenía Alfonso VI sobre esas tierras, por lo que fue desterrado.

 

Durante el destierro, se puso al servicio del rey de la taifa de Zaragoza por quien combatió contra otros reyes y señores cristianos, truncando alianzas y ganando territorio y vasallaje. Más tarde, se reconcilió con Alfonso VI tras el asedio de Zaragoza.

Su segundo destierro

El segundo destierro sucedió a consecuencia de algo que todavía no se sabe si estuvo pensado por el Cid o fue una simple confusión logística propia de la época pues, cuando Alfonso VI y el Cid acudieron a combatir en el Levante, no llegaron a encontrarse en el punto acordado, lo cual hizo enfurecer al rey, acusar al Cid de traición y desterrarlo nuevamente, esta vez sin sus posesiones. Eso no hizo que el Cid dejase de conquistar territorio, de hecho, llegó a conquistar la ciudad de Valencia y proclamarse “príncipe Campeador”.

 

Dice la leyenda que logró vencer en su última batalla después de haber muerto a consecuencia de una flecha pues, durante el asedio que sufría la ciudad por parte de las tropas musulmanas que intentaron recuperarla, se extendió la noticia de su muerte también entre el ejército invasor y aprovechando esto, se decidió atar su cuerpo a su caballo como si siguiese vivo y estuviese dispuesto a cabalgar contra el enemigo acompañado de su propio ejército. Esto desquició a los musulmanes, creyéndole un fantasma y aconteció la retirada.

El Cid, Mito y Leyenda

Es muy posible que gran porcentaje de todo cuanto sepamos del Cid sea más producto de la exageración de los trovadores y la propia leyenda que lo que la propia veracidad histórica conlleva, pero eso no ha supuesto ningún prejuicio para una figura que ha formado parte del arte y de la literatura a través de los siglos, siendo el Cantar del Mio Cid, uno de los más bellos y estudiados. Con motivo del aniversario de la primera publicación de este cantar, desde Coleccionismo de Monedas y de la mano de la artista Ana Alonso Vázquez, ofertamos una serie de láminas de vivos colores que representan los hitos más característicos que envuelven a este personaje.

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